10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

En referencia a la pregunta, quisiera responder a partir de tres debates que se han dado de forma reiterada en el espacio de discusión [esferapública], que edito y modero desde hace cerca de quince años. Es un lugar en internet en el que participan a través de textos y debates, artistas, curadores, críticos y gente del campo del arte.

Una de las discusiones más habituales tiene que ver con el arte político y la forma en que éste debería participar del debate público sobre situaciones de gran relevancia como son el tema de la violencia o del conflicto. Hoy en día que estamos en procesos de paz, hay un tema muy vigente en relación a ello; lo que puede suceder después del conflicto. El arte político tendría mucho que decir y que debatir sobre esto y ofrecería unas maneras distintas para participar abiertamente en esta discusión. Sin embargo, se han hecho muchas críticas a que este arte ha estado dirigido en gran parte hacia el campo del mercado y de las galerías, circulando básicamente en el circuito de lo comercial y lo institucional y muy lejos de lo que es el debate público sobre los temas sociales candentes en nuestro país.

Otro tema importante que se ha dado a lo largo de los últimos años es el de los espacios independientes o auto-gestionados, que se supone que podrían generar una alternativa a lo que es el circuito de arte comercial, las galerías y los espacios institucionales. En principio, se trataba de una serie de lugares que comenzaron a aparecer en nuestro país hace unos quince o veinte años creados por los artistas. Éstos ofrecían un formato mucho más crítico desde su forma de exponer en comparación con los circuitos curatoriales. Lo que está sucediendo últimamente es que se han venido normalizando y estandarizando hasta el punto de que no se diferencian mucho de un espacio institucional o de una galería comercial. Son espacios que necesitan visibilidad en ferias, que están participando abiertamente en el mercado y que realmente lo que ofrecen es una primera oportunidad a un artista emergente, que luego será captado o se pondrá a circular por el circuito convencional institucional.

Finalmente, el tercer debate es sobre el arte en relación con la comunidad. Prácticas en las que el artista genera muchos trabajos o procesos de diálogo en relación abierta con comunidades pequeñas, barrios o comunidades vulnerables. Hay proyectos muy interesantes en estos momentos en diferentes zonas del país. Pero también, con los diálogos de paz y con los apoyos económicos que hay por parte del estado para favorecer proyectos artísticos en el post-conflicto, han aparecido muchos proyectos que simplemente buscan generar una colaboración de manera muy puntual con una comunidad para ganar visibilidad y reputación gracias a ello.

Estas son las tres discusiones que se han dado y que generan una serie de reflexiones y que plantean también una pregunta. ¿Por qué las prácticas artísticas, que supuestamente deberían construir esfera pública, están más plegadas al mundo del mercado y están perdiendo su capacidad crítica y su capacidad de reflexión?

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Desde el departamento educativo del Museo Es Baluard, de donde proviene mi experiencia, estamos interesados en trabajar con artistas y productores culturales, con colectivos y grupos personas, porque nos parece interesante desarrollar prácticas en las que se genere una esfera pública. Esto significa abrir una serie de debates entre los integrantes de dicho grupo sobre un tema concreto de cualquier índole para generar una discusión en la sociedad. La esfera pública es un lugar de enunciación donde intervenimos siempre desde una perspectiva, desde un posicionamiento o un lugar muy concreto.

Trabajar con artistas es interesante porque permiten abrir esos debates y procesos. Cuando se trabaja desde lo educativo ofrecen un complemento en las maneras de hacer e incluso en las maneras de mirar. La relación entre arte y educación es problemática, no está exenta de conflictos y no siempre es fácil. Además, trabajar desde la educación o desde las prácticas artísticas no pasa necesariamente por generar esfera pública. Sin embargo, cuando se generan proyectos compartidos con esa intención, se pueden obtener tanto procesos como resultados muy interesantes.

Algunas de las prácticas artísticas que tienen que ver con la creación de esfera pública son las que trabajan con lo colaborativo, con lo comunitario o con lo participativo (dependiendo del grado de participación). En cualquier caso, hay que tener mucho cuidado con las relaciones entre los diferentes agentes y las jerarquías que se pueden establecer. Uno de los peligros de las prácticas artísticas en este contexto es que caigan en una posición de hegemonía y que aquellos que están trabajando colectivamente para generar debate terminen siendo instrumentalizados. Pero eso forma parte de las problemáticas del propio proceso.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

En esta pregunta, lo complicado es decir si las prácticas artísticas generan o no esfera pública. Como me parece un poco aventurado responder directamente intentaré hacer una deriva.

Las prácticas artísticas han ido renegociando su definición. En el siglo XX se aprecia con las vanguardias, en las que cada movimiento intenta cambiar totalmente lo que ha hecho el anterior. En algún momento estas alcanzan un estado de indefinición, que a su vez les otorga un potencial; esta indefinición genera un espacio de posibilidad. Los activistas, por ejemplo, lo han utilizado en el marco legal. Pero habrá muchos otros colectivos que hayan generado esfera pública de un modo parecido. Su singularidad proporciona, así, un espacio desde el que se puede crear esfera pública.

Es difícil valorar cuán real es esta esfera pública. A veces se percibe de un modo casi involuntario, casi accidentado. En mi práctica lo he intuido cuando he empezado a hacer performance, en el momento en que abandono un espacio controlado y regulado como la sala de exposiciones y me propongo, como en Trabeska, hacer una performance en un parque natural con sus propias dinámicas y su propia lógica. Para mí, hay un antes y un después en como concibo los mecanismos de recepción de la propuesta que he diseñado y como involucro a los participantes. Puedo tener en cuenta qué es lo que quiero comunicar, el tiempo de duración o la manera en que quiero que la gente lo perciba, pero si llueve o si aparece una manada de jabalíes, esto afecta de igual manera a la pieza a pesar de que yo no he tomado decisiones al respecto y no hay unas normas que lo puedan prever. Así es como concibo esta supuesta idea de esfera pública, incorporando la contingencia como algo productivo.

A un nivel más general, en las instituciones por ejemplo, también se percibe esta dicotomía entre el discurso que se intenta transmitir o el público al que se intenta llegar, y lo que sucede, el uso real que se da a ese espacio. Hay mucha gente que acude al centro de arte por otros motivos: porque hay Wi-fi gratis o porque llueve mucho en la ciudad y buscan un espacio donde resguardarse. La institución se convierte, así, en un lugar de ocio para adolescentes donde pueden pasarse toda la tarde enviándose mensajes por el móvil, escuchando música y viendo vídeos. Es difícil decir si esto genera esfera pública o no.

De cualquier forma, yo nunca he pensado mi práctica desde la intención de generar esfera pública. Resulta incluso complicado entender el concepto de ‘esfera pública’, qué significa o qué alcance tiene. Por ejemplo, este espacio donde nos encontramos, en el que estamos tratando de construir nuestros talleres varios artistas, no podría haber tenido tal uso hace unos años porque era un depósito de vino y aceite y estaba lleno de líquido. Poco antes de que entrásemos nosotros era un almacén de sanitarios. Ahora, nosotros llegamos aquí y tenemos la intención de establecer nuestros talleres y posiblemente hacer, también, un programa de actividades públicas para el barrio o para un sector determinado. Sí que tenemos una voluntad de generar algo o de tener un alcance desde este espacio, pero también pongo en duda que anteriormente no haya tenido alguna repercusión en la esfera pública, aunque no fuese desde las prácticas artísticas. De cualquier modo, sí que creo que las prácticas artísticas tienen esta condición excepcional por su constante redefinición y, sin embargo, también intuyo que en muchos otros ámbitos se dan otras condiciones de excepcionalidad que también permiten o contribuyen a generar esfera pública de otras maneras.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Para contestar la pregunta de “cómo las prácticas artísticas construyen esfera pública”, yo me referiría sobre todo al lugar desde el que yo opero que es la institución artística. En ésta, se estableció desde hace ya bastante tiempo que debía participar en la expansión de la esfera pública como lugar en el que discutir e identificar los problemas de la sociedad.

Lo ha hecho siempre desde la noción de crisis, pensando que la institución debe participar en un momento de dificultad, de toma de decisiones. Sin embargo, la crisis contemporánea parece ser la crisis del modelo de las crisis. Posiblemente dentro de algún tiempo no estudiemos la esfera pública desde el modelo de las crisis porque haya quedado invalidado al encadenar crisis tras crisis. En el fondo, el modelo de la crisis implica que hay momentos que no lo son, suponiendo una confianza positivista en el progreso que quizá ya sabemos que es imposible, que enlaza casi con una situación utópica.

La cuestión de la construcción de la esfera pública también tiene que ver con el modelo del análisis. Analizar está bien pero no es suficiente. Deben crearse para eso diálogos horizontales, volátiles y dinámicos, que pongan en relación todos los actores de la esfera pública. Es lo que algunos han venido a llamar la súper-diversidad. Los conceptos convencionales de mediación ya están superados por el de intermediación. No podíamos pensar que la mediación como un espació de conversación entre estos actores es suficiente, sino que para la construcción real de esfera pública debe actuarse desde las nociones de intermediación. Esto hace referencia a lo que Bataille ya había esbozado en la década de los treinta: la creación de un espacio sin cabeza en el que plantear estas cuestiones. Por eso, la noción de esfera pública llega a un punto en que es anacrónica, porque es limitada a un espacio que está totalmente al margen de la realidad.

Si queremos pensar realmente en cómo construir esfera pública quizás tendríamos que pensar en cómo superar esa esfera y operar desde la realidad. Posiblemente la forma de hacerlo no sea a través de la creación de grandes relatos y de la intención de buscar una forma para explicarlo todo sino de pensar en las pequeñas historias transformadoras.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Una de las funciones de las prácticas artísticas es generar un espacio de resistencia contra un mundo cada vez más estandarizado y regularizado, en el que se ha ido reduciendo el campo de libertad. La idea de la esfera pública viene definida como concepto a finales de los años 90 por Habermas. Éste decía que los ciudadanos actúan como público cuando se ocupan de temas de interés general sin ser coaccionados. Las prácticas artísticas no pueden darse si no es bajo las condiciones de libertad absoluta. Sin embargo, el espacio público se ha ido reduciendo muchísimo, con lo cual las prácticas artísticas se ven amenazadas. Si no hay un espacio de libertad para desarrollar esa práctica artística es muy difícil que podamos construir esa esfera pública.

Desgraciadamente el campo de desarrollo de las prácticas artísticas, sobre todo en este país y bajo este estado, se ha ido reduciendo. En los últimos años se ha impuesto un ámbito regulador que ha afectado a lo que entendemos por esfera pública con leyes como la “ley mordaza”. Hace unos meses la televisión pública alemana me entrevistó sobre ella. La periodista me trajo el catálogo de mi última exposición en el Reina Sofía y fue, pieza por pieza, diciéndome qué trabajos de los que yo había realizado en los 80′-90′ son ilegales ahora mismo: no puedes ponerte un traje de policía, no puedes alquilar este tipo de cosas, no puedes haber sacado esta página web, no puedes haber tomado esta fotografía… Decía Habermas también que “la esfera pública en la democracia de masas en los Estados del Bienestar, se caracteriza por un debilitamiento singular de sus funciones críticas”. Creo que nos encontramos en ese estado.

Existen también otros ámbitos en los que podemos estar desarrollando esfera pública: el procomún, que tiene que ver también con la propiedad y la teoría del valor. Aquello que consideramos que pertenece a todos, que está en el espacio del procomún, está fuera de los márgenes del mercado y de sus normativas. La propiedad de una obra como el Guernica, joya angular del Museo Reina Sofía, no está exenta de polémica. Nunca apareció en la herencia de Picasso más que aquel mítico recibo que Picasso firmó en la Exposición Universal del 37 a favor de la República Española, una condición de estado que en este momento no existe, por lo cual su propiedad siempre ha estado en un limbo. Sin embargo, hay un reconocimiento internacional de que el cuadro pertenece a todos los españoles y por eso está depositado en el museo. Por un lado estaría el sentido de propiedad y por otro la teoría del valor: el capital simbólico del Guernica nos pertenece a todos. Es a través de este aspecto simbólico mediante el que deberíamos incidir en ese espacio de construcción de ese valor procomún que no es manipulable mediante la condición de mercancía.