10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Sería interesante pensar la idea de esfera pública como un concepto abstracto y totalmente flexible más que como una situación o un lugar concretos. Lo interesante de la esfera pública es que es una potencialidad. Es algo que puede existir en el momento en que diferentes personas, entidades, temas o cuestiones que tienen que ver con una determinada comunidad (no importa si geográficamente determinada o no) se encuentran, se desencuentran, chocan y producen algún tipo de resultado. Ésta es la definición de esfera pública: una especie de conversación potencialmente conflictiva que, en algunos casos, da lugar a una solución, a una salida de este encuentro o desencuentro.

La esfera pública como conversación cultural, no solamente como una conversación verbal entre personas, es una idea interesante para todo tipo de intervención en la maquinaria social. Y el arte, por supuesto, tiene herramientas, lenguajes y tácticas para no solamente intervenir en la esfera pública sino para crearla. En la sociedad contemporánea, especialmente en la sociedad en red, estamos hablando todo el tiempo. Sin embargo, a menudo tenemos la sensación, no del todo infundada, de estar hablando sin saber a quién e incluso de perder el tiempo, de no crear verdaderas conversaciones.

Curiosamente la esfera pública es algo que puede ir menguando, puede incluso desaparecer. Lo interesante son esas tácticas, incluyendo la práctica artística, que pueden abrir de nuevo esta esfera pública en cualquier lugar, en cualquier contexto: en la calle, en el espacio público u online. O también en ese espacio híbrido en que nos encontramos, la condición post-internet, donde cuando estamos en la calle o en el espacio público, IRL (In Real Life), estamos todo el tiempo conectados. Se produce una situación híbrida donde ya no podemos distinguir entre estar online y estar offline, lo analógico y lo digital, lo real y lo virtual. Se da una situación en que todo esto ya está mezclado. Entonces, ¿dónde encontramos esfera pública?

El trabajo que muchos artistas y yo estamos realizando, tanto de producción como de divulgación, tiene justamente este objetivo: describir formas en las que, si te descuidas, la esfera pública mengua, se cierra o se privatiza, y por definición no puede existir una esfera pública privatizada. Privada no en el sentido de discursos privados íntimos, sino de privatización y de exclusión de toma de decisiones. El reto, en la época de la sociedad conectada y las redes sociales, es justamente ver dónde se pueden dar estas conversaciones, dónde volver a abrir esfera pública cuando se estaba cerrando. Es una paradoja porque tenemos la sensación de que las redes y los medios digitales han proporcionado enormes herramientas de autoexpresión y de democratización para la interacción y, aunque en muchos casos es así, a veces estas interacciones emancipadas y de libre expresión ocurren solamente en la parte más superficial, en el interfaz de las redes. El reto es descubrir qué estructuras se encuentran tras la libre expresión en los medios online. Para los artistas que buscan abrir la esfera pública se crea un reto aún más específico de estudiar en qué condiciones se da actualmente ésta, a qué nivel de profundidad o atravesando qué niveles de esta gran estructura de capas, tecnológicas, sociales o mixtas, que conforman la sociedad contemporánea mediatizada.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

– Natxo: Últimamente estamos intentando trazar un mapa ó retrato donde podamos ver ó enseñar todo lo que se hace en el ámbito no académico de la facultad y la universidad. Para colocarme a mí mismo en ese retrato, me gustaría hacer hincapié en tres ejes ó ámbitos en los que estamos trabajando en este momento.

– Arantza: En un principio, parece que la facultad es un centro educativo, pero nos damos cuenta de que, al margen de ser un centro educativo, también influimos de otra manera. No tanto dentro de la universidad, sino con respecto a la calle, al espacio público y a los agentes ó redes que se mueven dentro de dicho espacio público. Como comentaba Natxo, hemos tratado de hacer un retrato, para ver con quién colaboramos, cómo construimos la ciudad con ayuda de, a través de ó debido a la facultad, y qué tipo de relaciones tenemos.

– Natxo: Se prevé fácilmente que como la universidad es una herramienta de formación, entonces la educación sobre prácticas artísticas crea esfera pública, igual que pasa en las escuelas y las ikastolas. Pero, nosotros queremos hacer hincapié en estos tres ejes, entre muchos otros. Por una parte, cómo construir la ciudad o la comunidad, partiendo desde la universidad. Estamos realizando varios proyectos para obtener una presencia en la ciudad y también para participar en la construcción de la ciudad. Por otra parte, cómo se tejen redes con otros agentes y con la comunidad que nos es propia. Es decir, apoyamos proyectos jóvenes y las iniciativas realizadas por nuestros ex alumnos y ex alumnas y la gente de su entorno. Finalmente, tenemos el proyecto denominado “zaBBAAlik”, con el objetivo de intentar abrir el presupuesto de la facultad. Así, el alumnado y el ex alumnado puede proponer cosas, en cierta medida. Y no sólo eso, también pueden gestionar y ocuparse de ello dentro de la universidad. De alguna manera, la intención es poner ese presupuesto en manos del alumnado, para que decidan qué hacer, y así tener la oportunidad de hacer y proponer lo que quieran.

– Arantza: Y de ahí han surgido algunas cosas que han funcionado. En un principio, se propusieron dentro de “zaBBAAlik”, pero luego también han pasado a otros ámbitos. Ahí reside el interés.

– Natxo: Del modo en que lo hemos explicado, puede parecer que al construir espacio público se hacen más cosas en el ámbito no académico que en el ámbito académico, y quizá sea así. Desde mi punto de vista, es más fácil incidir desde ahí en lo que se puede hacer. El ámbito académico es muy rígido y cerrado, y la maquinaría es muy lenta. Pero nosotros hacemos un esfuerzo, y la verdad es que nos introducimos más fácilmente por las grietas del ámbito no académico.

– Arantza: Con sus ventajas y sus desventajas. Las ventajas consisten en que tenemos otra velocidad y obtenemos resultados mucho más interesantes. Por otra parte, eso nos perjudica académicamente, ya que estamos fuera de la normalidad. Dentro de la universidad, algunas cosas no les parecen tan bien, porque se hacen fuera de la legalidad. No es que sean ilegales, pero se realizan en un marco de no legalidad, porque no hay convenio. Si esperamos a eso, toda la maquinaría pierde velocidad y no podríamos participar en la medida en la que nos lo pide el entorno. Una vez considerado que somos la universidad y que hablamos como tal, pensamos que dicha universidad debería ser de otra forma. Tenemos estas redes en el retrato, y los tres puntos mencionados y también otros puntos son parte de la universidad. Es más, la universidad también debería ser eso, y no sólo aquello que se ofrece en materia de formación: grados, másteres, y ese tipo de cosas cerradas. Hay que abrirse a otros campos, teniendo en cuenta el contexto: dónde está, dónde se mueve, de dónde procede en alumnado, a dónde se dirige luego el ex alumnado, qué tipo de proyectos desarrollan, cómo podemos participar en dichos proyectos y cómo nos piden que participemos. Visto desde la universidad, ese trabajo sirve para fortalecer la esfera pública.

– Natxo: Se me ocurre una idea para la próxima vez que tratemos el tema. Si la universidad es pública, entonces forma parte de la esfera pública, pero deberíamos cuestionar esa parte “pública”, sobretodo teniendo en cuenta los nuevos estudios, ya que la gestión es cada vez más privativa. No se trata de crear esfera pública sino de alimentar el mercado laboral. Por lo tanto, ¿la función de la universidad no es alimentar, hacer ó construir esfera pública, sino satisfacer necesidades privadas? Por eso es más fácil trabajar en el ámbito no académico. En el ámbito académico poco podemos hacer, todas las decisiones están ya tomadas.

-Arantza: La cuestión sería normalizar esa parte no académica dentro de la universidad, de alguna manera, como si se tratase de otro modelo de universidad. Pero teniendo en cuenta que todas las decisiones que se toman verticalmente están pensadas para la cuantificación económica (qué empleos hacen falta, para luego ofrecer dichos empleos al alumnado; qué empresas necesitan qué…). Resulta bastante difícil encajar las decisiones que no obtienen beneficios económicos inmediatos o que tienen relación con el conocimiento inmaterial. O convencerlos, al menos, de que deberían encajarse. En ese sentido, creo que nuestra función está clara, cuando haya que encaminar un trabajo a la esfera pública o cuando un artista tenga que encaminar un trabajo. No debemos proponerles las preguntas que han de hacerse a sí mismos, sino que tenemos que encauzarlos hacia escuchar lo que dicen los demás. Algunas preguntas son obligatorias, si bien no están totalmente definidas. Tenemos que ayudarles para que sean capaces de responder a las preguntas de dicha esfera pública, pero sin imponernos. Y la universidad debe hacer lo mismo. No podemos decidir desde dentro qué es lo que se va a hacer fuera, ni tampoco dejarlo en manos de las empresas o el mercado económico. ¿Qué pide la calle? ¿Y la gente que va por la calle? Y, en cuanto a lo que más nos concierne: ¿qué pide la gente que trabaja alrededor del arte y la cultura?

Muchas veces acuden a nosotros. No deberíamos abrirles la puerta, pero lo hacemos… [risas]. Y eso supone otros movimientos dentro de la facultad, y espero que algún día también dentro de la universidad.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Lo primero que tenemos que hacer para responder a esta pregunta es situar el concepto de esfera pública. Si lo entendemos como el concepto original habermasiano, encontramos el problema de que es una esfera pública singular, homogénea, unificada, vinculada a la comunicación y que transciende las particularidades concretas para buscar el consenso racional. Si bien esta perspectiva es siempre discutible, en un momento como el actual de crisis y de cambio de época en el que suceden modificaciones constantes con la irrupción de las redes sociales o de los nuevos sistemas de comunicación social, esta visión deja de tener sentido porque se abre la posibilidad de debate desde diferentes opciones interpretativas. No se niega el conflicto y lo que nos encontramos es una esfera pública compartimentada, fragmentada y que depende de experiencias diferentes de lo cotidiano.

El concepto en sí se ha visto tan modificado que quizás deberíamos dejar de utilizar ese término y buscar alternativas que respondan a ese carácter fragmentado y rizomático de esta nueva esfera pública. De modo que, ¿cómo se genera esta esfera pública rizomática? Desde mi punto de vista, mediante dos elementos: Por un lado estaría el elemento nuclear de la visión habermasiana, que es la comunicación como algo discursivo, propositivo y racional. Al mismo tiempo estaría lo que podemos llamar ‘expresión’, que tiene que ver con los deseos, la sensibilidad, el reconocimiento mutuo, la experiencia, los afectos… Es aquí donde las prácticas artísticas tienen un papel protagonista y fundamental. Comunicación y expresión, aunque separados, están en constante interrelación. La expresión, el lugar natural de las prácticas artísticas, afecta a una nueva sensibilidad que favorece prácticas y significados compartidos y que en un primer momento transcienden lo discursivo. Luego toma forma de algo más racional, más vinculado a la comunicación y, en última instancia, pasa a formar parte de lo político y de la gestión de la organización social.

Para intentar responder a la pregunta inicial, me gustaría retomar una idea de José Luis Brea adaptándola a este tema. Brea decía que se ha producido una transformación en la cultura del presente. Nosotras podríamos decir que se ha producido una transformación en la esfera pública rizomática del presente. Él indicaba que los tiempos residuales del pasado no dejan que ese acontecimiento que ya se ha producido tenga lugar. Y precisamente para que eso tenga lugar, podríamos decir que las prácticas artísticas se encargan de generar una nueva sensibilidad que abra el camino al pensamiento crítico para ayudar a desmantelar esas fuerzas residuales y permitirnos habitar conscientemente ese futuro que decía Brea que ya ha venido.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Esta pregunta no me resulta nada fácil porque creo que es la gran pregunta que rodea al proyecto de LaPublika, pero voy a intentar comentar esta cuestión que envuelve todo el proyecto según mi experiencia y también mis preocupaciones. Primero, hay que pensar que no sólo existe una esfera pública sino que hay varias. Esto es importante para no actuar en base a una unidad sino para atomizar ese concepto ya que cada momento, cada situación o cada agente colectivo tiene sus sensibilidades particulares.

Por otra parte, las prácticas artísticas contribuyen en gran medida a la creación de esfera pública. También hay otras prácticas de diferente carácter como las prácticas sociales, las prácticas colaborativas, las prácticas públicas o políticas, que contribuyen igualmente a esa creación de esfera pública. Pero eminentemente las manifestaciones artísticas en colaboración con estas otras pueden contribuir con mayor repercusión a esa creación. Por ello, lo colaborativo y los vasos comunicantes entre las diferentes esferas y prácticas es primordial para la creación de esfera pública.

Las prácticas artísticas tienen además un poder innato para detectar o poner en relieve algunas problemáticas que se dan dentro de la esfera pública, descubrir esas situaciones y voces críticas a las que no se presta tanta atención. Muchos trabajos artísticos tienen esa posibilidad que quizás ninguna otra práctica tiene, y es una característica muy poderosa. Están en la sociedad y forman parte de ella pero tienen ciertas licencias que otras prácticas como las sociales o las económicas no tienen. Además, tienen la libertad de hablar con menos presión que otros medios que son más estáticos. Aunando todos estos conceptos y gracias a su carácter colaborativo, con ellas, se puede contribuir a la creación de la esfera pública.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Son las diez y media de la noche y no he comido, es importante para el contexto de mi respuesta. La organización de la que formo parte, Constant, es una organización para arte y media. Como trabajamos con dinero público, nos interesa el dominio público. Creo que construimos esfera pública o al menos mucho contenido para ella. Intentamos cuidar de este espacio, no solo de la esfera pública física sino también de la virtual, ya que nuestro interés principal es la red como lugar de conocimiento.

Se trata de crear espacios virtuales que prioricen la esfera pública. Una parte son decisiones diarias: elegir nuestros espacios de publicación, encuentro, negociación. Colaboramos con una organización que tiene un servidor independiente, trabajamos con un proveedor con compromiso ético, no utilizamos herramientas de Google. Usamos Duck Duck Go en lugar de Google (aunque ahora parece que están alojados con Amazon), Etherpad o Framapad en lugar de Google Docs, utilizamos Wikis o WordPress… Lo hacemos todo con software libre, forma parte de nuestros compromisos y nos interesa como investigación artística. Es un placer conocer a la gente detrás de estas herramientas, personas apasionadas, con visiones políticas interesantes e ideas nuevas.

Lo que producimos también queremos que sea dominio público. Podríamos utilizar la licencia Creative Commons Share Alike, pero utilizamos la Licencia de Arte Libre. Es más simple y en de cincuenta años quedará claro qué hacer con nuestras obras. La universidad de Ghent tiene un contrato con Google para digitalizar sus libros porque dicen que no tienen dinero para hacerlo por sí mismos pero están cerrando al público documentos que podrían estar en Gutenberg.org o en Archive.org, al alcance de todos.

Nos interesan también los materiales en museos y archivos, el verdadero dominio público. Organizamos cada año el día del dominio público para celebrar las obras que están ahí para compartir. Como artistas es necesario tener un pasado, una tradición para inspirarse y a la que referirse. Todo lo que se produjo en el siglo XX o partir de la Segunda Guerra Mundial está digitalizado, pero bajo tantas licencias que te obligan casi a pagar una multa por sus derechos. En el caso de las bibliotecas, hemos decidido sostener un proyecto ilegal como Memory of the Worlds de Marcell Mars porque nos parece importante que el conocimiento viaje por internet. Ha desarrollado un plug-in para Calibre e incentiva a todo el mundo a subir materiales para compartir.

Las prácticas artísticas sacan a la luz elementos que leyendo el diario, escuchando la radio o viendo la televisión no encontraríamos. Hubo una iniciativa de una orquesta callejera de ondas que captaban redes Wi-fi con unas antenas que ellos habían construido. Este tipo de iniciativas añaden algo a la realidad sin producir nada más, solo sosteniéndola, y con ello logran exponerla a los sentidos de manera que entendemos mejor el mundo en el que vivimos.