10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

En la producción e interpretación de las prácticas artísticas procuro atenerme a unas palabras de Robin George Collingwood quien, en Los principios del arte, dijo: “El artista debe profetizar, no en el sentido de que anuncie el porvenir, sino en el sentido de que dice a su público, a riesgo de disgustarle, los secretos que guarda su corazón. Su cometido como artista es hablar alto, volcando al exterior las impurezas del ánimo. Pero no por ello debe expresar, como nos llevaría a creer la teoría individualista del arte, sus propios secretos. Los secretos que debe expresar son los de la comunidad. La razón de que la comunidad le necesite es que ninguna conoce su propio corazón; y al faltarle ese conocimiento, la colectividad se engaña a sí misma en materias cuya ignorancia equivale a la muerte”.

COLLINGWOOD, Robin George, Los principios del arte, Fondo de cultura económica, México, 1960.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Sería interesante pensar la idea de esfera pública como un concepto abstracto y totalmente flexible más que como una situación o un lugar concretos. Lo interesante de la esfera pública es que es una potencialidad. Es algo que puede existir en el momento en que diferentes personas, entidades, temas o cuestiones que tienen que ver con una determinada comunidad (no importa si geográficamente determinada o no) se encuentran, se desencuentran, chocan y producen algún tipo de resultado. Ésta es la definición de esfera pública: una especie de conversación potencialmente conflictiva que, en algunos casos, da lugar a una solución, a una salida de este encuentro o desencuentro.

La esfera pública como conversación cultural, no solamente como una conversación verbal entre personas, es una idea interesante para todo tipo de intervención en la maquinaria social. Y el arte, por supuesto, tiene herramientas, lenguajes y tácticas para no solamente intervenir en la esfera pública sino para crearla. En la sociedad contemporánea, especialmente en la sociedad en red, estamos hablando todo el tiempo. Sin embargo, a menudo tenemos la sensación, no del todo infundada, de estar hablando sin saber a quién e incluso de perder el tiempo, de no crear verdaderas conversaciones.

Curiosamente la esfera pública es algo que puede ir menguando, puede incluso desaparecer. Lo interesante son esas tácticas, incluyendo la práctica artística, que pueden abrir de nuevo esta esfera pública en cualquier lugar, en cualquier contexto: en la calle, en el espacio público u online. O también en ese espacio híbrido en que nos encontramos, la condición post-internet, donde cuando estamos en la calle o en el espacio público, IRL (In Real Life), estamos todo el tiempo conectados. Se produce una situación híbrida donde ya no podemos distinguir entre estar online y estar offline, lo analógico y lo digital, lo real y lo virtual. Se da una situación en que todo esto ya está mezclado. Entonces, ¿dónde encontramos esfera pública?

El trabajo que muchos artistas y yo estamos realizando, tanto de producción como de divulgación, tiene justamente este objetivo: describir formas en las que, si te descuidas, la esfera pública mengua, se cierra o se privatiza, y por definición no puede existir una esfera pública privatizada. Privada no en el sentido de discursos privados íntimos, sino de privatización y de exclusión de toma de decisiones. El reto, en la época de la sociedad conectada y las redes sociales, es justamente ver dónde se pueden dar estas conversaciones, dónde volver a abrir esfera pública cuando se estaba cerrando. Es una paradoja porque tenemos la sensación de que las redes y los medios digitales han proporcionado enormes herramientas de autoexpresión y de democratización para la interacción y, aunque en muchos casos es así, a veces estas interacciones emancipadas y de libre expresión ocurren solamente en la parte más superficial, en el interfaz de las redes. El reto es descubrir qué estructuras se encuentran tras la libre expresión en los medios online. Para los artistas que buscan abrir la esfera pública se crea un reto aún más específico de estudiar en qué condiciones se da actualmente ésta, a qué nivel de profundidad o atravesando qué niveles de esta gran estructura de capas, tecnológicas, sociales o mixtas, que conforman la sociedad contemporánea mediatizada.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

– Natxo: Últimamente estamos intentando trazar un mapa ó retrato donde podamos ver ó enseñar todo lo que se hace en el ámbito no académico de la facultad y la universidad. Para colocarme a mí mismo en ese retrato, me gustaría hacer hincapié en tres ejes ó ámbitos en los que estamos trabajando en este momento.

– Arantza: En un principio, parece que la facultad es un centro educativo, pero nos damos cuenta de que, al margen de ser un centro educativo, también influimos de otra manera. No tanto dentro de la universidad, sino con respecto a la calle, al espacio público y a los agentes ó redes que se mueven dentro de dicho espacio público. Como comentaba Natxo, hemos tratado de hacer un retrato, para ver con quién colaboramos, cómo construimos la ciudad con ayuda de, a través de ó debido a la facultad, y qué tipo de relaciones tenemos.

– Natxo: Se prevé fácilmente que como la universidad es una herramienta de formación, entonces la educación sobre prácticas artísticas crea esfera pública, igual que pasa en las escuelas y las ikastolas. Pero, nosotros queremos hacer hincapié en estos tres ejes, entre muchos otros. Por una parte, cómo construir la ciudad o la comunidad, partiendo desde la universidad. Estamos realizando varios proyectos para obtener una presencia en la ciudad y también para participar en la construcción de la ciudad. Por otra parte, cómo se tejen redes con otros agentes y con la comunidad que nos es propia. Es decir, apoyamos proyectos jóvenes y las iniciativas realizadas por nuestros ex alumnos y ex alumnas y la gente de su entorno. Finalmente, tenemos el proyecto denominado “zaBBAAlik”, con el objetivo de intentar abrir el presupuesto de la facultad. Así, el alumnado y el ex alumnado puede proponer cosas, en cierta medida. Y no sólo eso, también pueden gestionar y ocuparse de ello dentro de la universidad. De alguna manera, la intención es poner ese presupuesto en manos del alumnado, para que decidan qué hacer, y así tener la oportunidad de hacer y proponer lo que quieran.

– Arantza: Y de ahí han surgido algunas cosas que han funcionado. En un principio, se propusieron dentro de “zaBBAAlik”, pero luego también han pasado a otros ámbitos. Ahí reside el interés.

– Natxo: Del modo en que lo hemos explicado, puede parecer que al construir espacio público se hacen más cosas en el ámbito no académico que en el ámbito académico, y quizá sea así. Desde mi punto de vista, es más fácil incidir desde ahí en lo que se puede hacer. El ámbito académico es muy rígido y cerrado, y la maquinaría es muy lenta. Pero nosotros hacemos un esfuerzo, y la verdad es que nos introducimos más fácilmente por las grietas del ámbito no académico.

– Arantza: Con sus ventajas y sus desventajas. Las ventajas consisten en que tenemos otra velocidad y obtenemos resultados mucho más interesantes. Por otra parte, eso nos perjudica académicamente, ya que estamos fuera de la normalidad. Dentro de la universidad, algunas cosas no les parecen tan bien, porque se hacen fuera de la legalidad. No es que sean ilegales, pero se realizan en un marco de no legalidad, porque no hay convenio. Si esperamos a eso, toda la maquinaría pierde velocidad y no podríamos participar en la medida en la que nos lo pide el entorno. Una vez considerado que somos la universidad y que hablamos como tal, pensamos que dicha universidad debería ser de otra forma. Tenemos estas redes en el retrato, y los tres puntos mencionados y también otros puntos son parte de la universidad. Es más, la universidad también debería ser eso, y no sólo aquello que se ofrece en materia de formación: grados, másteres, y ese tipo de cosas cerradas. Hay que abrirse a otros campos, teniendo en cuenta el contexto: dónde está, dónde se mueve, de dónde procede en alumnado, a dónde se dirige luego el ex alumnado, qué tipo de proyectos desarrollan, cómo podemos participar en dichos proyectos y cómo nos piden que participemos. Visto desde la universidad, ese trabajo sirve para fortalecer la esfera pública.

– Natxo: Se me ocurre una idea para la próxima vez que tratemos el tema. Si la universidad es pública, entonces forma parte de la esfera pública, pero deberíamos cuestionar esa parte “pública”, sobretodo teniendo en cuenta los nuevos estudios, ya que la gestión es cada vez más privativa. No se trata de crear esfera pública sino de alimentar el mercado laboral. Por lo tanto, ¿la función de la universidad no es alimentar, hacer ó construir esfera pública, sino satisfacer necesidades privadas? Por eso es más fácil trabajar en el ámbito no académico. En el ámbito académico poco podemos hacer, todas las decisiones están ya tomadas.

-Arantza: La cuestión sería normalizar esa parte no académica dentro de la universidad, de alguna manera, como si se tratase de otro modelo de universidad. Pero teniendo en cuenta que todas las decisiones que se toman verticalmente están pensadas para la cuantificación económica (qué empleos hacen falta, para luego ofrecer dichos empleos al alumnado; qué empresas necesitan qué…). Resulta bastante difícil encajar las decisiones que no obtienen beneficios económicos inmediatos o que tienen relación con el conocimiento inmaterial. O convencerlos, al menos, de que deberían encajarse. En ese sentido, creo que nuestra función está clara, cuando haya que encaminar un trabajo a la esfera pública o cuando un artista tenga que encaminar un trabajo. No debemos proponerles las preguntas que han de hacerse a sí mismos, sino que tenemos que encauzarlos hacia escuchar lo que dicen los demás. Algunas preguntas son obligatorias, si bien no están totalmente definidas. Tenemos que ayudarles para que sean capaces de responder a las preguntas de dicha esfera pública, pero sin imponernos. Y la universidad debe hacer lo mismo. No podemos decidir desde dentro qué es lo que se va a hacer fuera, ni tampoco dejarlo en manos de las empresas o el mercado económico. ¿Qué pide la calle? ¿Y la gente que va por la calle? Y, en cuanto a lo que más nos concierne: ¿qué pide la gente que trabaja alrededor del arte y la cultura?

Muchas veces acuden a nosotros. No deberíamos abrirles la puerta, pero lo hacemos… [risas]. Y eso supone otros movimientos dentro de la facultad, y espero que algún día también dentro de la universidad.