10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Para contestar la pregunta de “cómo las prácticas artísticas construyen esfera pública”, yo me referiría sobre todo al lugar desde el que yo opero que es la institución artística. En ésta, se estableció desde hace ya bastante tiempo que debía participar en la expansión de la esfera pública como lugar en el que discutir e identificar los problemas de la sociedad.

Lo ha hecho siempre desde la noción de crisis, pensando que la institución debe participar en un momento de dificultad, de toma de decisiones. Sin embargo, la crisis contemporánea parece ser la crisis del modelo de las crisis. Posiblemente dentro de algún tiempo no estudiemos la esfera pública desde el modelo de las crisis porque haya quedado invalidado al encadenar crisis tras crisis. En el fondo, el modelo de la crisis implica que hay momentos que no lo son, suponiendo una confianza positivista en el progreso que quizá ya sabemos que es imposible, que enlaza casi con una situación utópica.

La cuestión de la construcción de la esfera pública también tiene que ver con el modelo del análisis. Analizar está bien pero no es suficiente. Deben crearse para eso diálogos horizontales, volátiles y dinámicos, que pongan en relación todos los actores de la esfera pública. Es lo que algunos han venido a llamar la súper-diversidad. Los conceptos convencionales de mediación ya están superados por el de intermediación. No podíamos pensar que la mediación como un espació de conversación entre estos actores es suficiente, sino que para la construcción real de esfera pública debe actuarse desde las nociones de intermediación. Esto hace referencia a lo que Bataille ya había esbozado en la década de los treinta: la creación de un espacio sin cabeza en el que plantear estas cuestiones. Por eso, la noción de esfera pública llega a un punto en que es anacrónica, porque es limitada a un espacio que está totalmente al margen de la realidad.

Si queremos pensar realmente en cómo construir esfera pública quizás tendríamos que pensar en cómo superar esa esfera y operar desde la realidad. Posiblemente la forma de hacerlo no sea a través de la creación de grandes relatos y de la intención de buscar una forma para explicarlo todo sino de pensar en las pequeñas historias transformadoras.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Una de las funciones de las prácticas artísticas es generar un espacio de resistencia contra un mundo cada vez más estandarizado y regularizado, en el que se ha ido reduciendo el campo de libertad. La idea de la esfera pública viene definida como concepto a finales de los años 90 por Habermas. Éste decía que los ciudadanos actúan como público cuando se ocupan de temas de interés general sin ser coaccionados. Las prácticas artísticas no pueden darse si no es bajo las condiciones de libertad absoluta. Sin embargo, el espacio público se ha ido reduciendo muchísimo, con lo cual las prácticas artísticas se ven amenazadas. Si no hay un espacio de libertad para desarrollar esa práctica artística es muy difícil que podamos construir esa esfera pública.

Desgraciadamente el campo de desarrollo de las prácticas artísticas, sobre todo en este país y bajo este estado, se ha ido reduciendo. En los últimos años se ha impuesto un ámbito regulador que ha afectado a lo que entendemos por esfera pública con leyes como la “ley mordaza”. Hace unos meses la televisión pública alemana me entrevistó sobre ella. La periodista me trajo el catálogo de mi última exposición en el Reina Sofía y fue, pieza por pieza, diciéndome qué trabajos de los que yo había realizado en los 80′-90′ son ilegales ahora mismo: no puedes ponerte un traje de policía, no puedes alquilar este tipo de cosas, no puedes haber sacado esta página web, no puedes haber tomado esta fotografía… Decía Habermas también que “la esfera pública en la democracia de masas en los Estados del Bienestar, se caracteriza por un debilitamiento singular de sus funciones críticas”. Creo que nos encontramos en ese estado.

Existen también otros ámbitos en los que podemos estar desarrollando esfera pública: el procomún, que tiene que ver también con la propiedad y la teoría del valor. Aquello que consideramos que pertenece a todos, que está en el espacio del procomún, está fuera de los márgenes del mercado y de sus normativas. La propiedad de una obra como el Guernica, joya angular del Museo Reina Sofía, no está exenta de polémica. Nunca apareció en la herencia de Picasso más que aquel mítico recibo que Picasso firmó en la Exposición Universal del 37 a favor de la República Española, una condición de estado que en este momento no existe, por lo cual su propiedad siempre ha estado en un limbo. Sin embargo, hay un reconocimiento internacional de que el cuadro pertenece a todos los españoles y por eso está depositado en el museo. Por un lado estaría el sentido de propiedad y por otro la teoría del valor: el capital simbólico del Guernica nos pertenece a todos. Es a través de este aspecto simbólico mediante el que deberíamos incidir en ese espacio de construcción de ese valor procomún que no es manipulable mediante la condición de mercancía.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

Cuando me hacen una de estas preguntas profundas, siempre empleo la misma estrategia: anclo la pregunta, la concreto, la bajo al suelo. Esta vez me han preguntado de qué manera crean esfera pública las prácticas artísticas, y se trata de una pregunta profunda, no cabe duda. Por eso, en seguida me ha venido a la mente un recuerdo en concreto. El diciembre pasado fui a Berlín, a ese Berlín tomado por el frío invierno y la situación de los refugiados. Ya llevan tres inviernos preocupados por dicho tema. Llegué a Berlín justo cuando estaban realizando un potente festival sobre artes audiovisuales. El festival estaba dedicado, precisamente, a la situación de los refugiados. Su epicentro se desarrollaba en un gran teatro, en la isla de los museos, en el centro de la ciudad. La dirección del teatro estaba por primera vez en manos de una mujer, una mujer alemana hija de turcos.

Fuimos a ver una performance que organizaba el teatro. Al principio no nos quedó nada claro de qué coño iba la performance: los trabajadores nos dijeron que era en el piso de arriba, pero al subir, sólo vimos una exposición de diversas obras. Y gente como nosotras, espectadores, de aquí para allá. Paseando, de la manera en la que caminamos en este tipo de sitios: bastante despacio, bastante tranquilos, bastante callados. Paseábamos nosotras también así cuando, de repente, empezamos a ver que cinco o seis personas cruzaban las salas sin parar y de manera curiosa. Una iba muy despacio: dos pasos por minuto, como mucho. Otra, en cambio, iba con prisa: caminaba rápida y sonoramente. La tercera iba saltando, la cuarta bailando, y la quinta caminaba de manera normal, pero de vez en cuando se detenía en seco y cambiaba de dirección… Vale, vale, vale, ya sabemos de qué trata la performance. Sin embargo, no nos afecta de ninguna manera, o eso parece. Miramos y sonreímos a los actores caminantes, y nos preguntamos si ya habremos identificado a todos.

El cambio viene después. El momento en que las prácticas artísticas crean esfera pública nos sucede más tarde, al salir de la sala, cuando llegamos a la enorme avenida Unter den Linden, abierta y llena de gente. No podemos caminar de manera normal. Es decir, no podemos dar pasos automáticamente como hacemos normalmente, sin pensar, detenidamente, en cada uno de nuestros músculos y movimientos. No podemos caminar automáticamente, como hacemos normalmente, sin pensar en todas y cada una de las consecuencias de caminar. No caminamos como cuando entramos en la sala, al menos durante un rato.

10/10/2016



La pregunta: ¿Cómo, desde tu experiencia y perspectiva, las prácticas artísticas construyen esfera pública?

(…) Tengo muy claro que una parte del arte reciente ha consistido en que ocurra un espacio de expresión, interacción y diálogo avanzado. Y que en ese sentido la proximidad de la noción de esfera pública como un proyecto político es importante, en particular en todo lo que involucra las prácticas colaborativas o relacionales. Me da la impresión, y esto tiene relación con mi experiencia propia, que la práctica artística (independientemente de la forma que toma) produce esferas paralelas de opinión. Hay una manera de actuar, sobre todo en la práctica reciente, construyendo campos de discusión sobre aquello que no está incluido en los debates de la esfera pública, que no están validados por el lenguaje, como están construidos de manera académica o políticamente, o que se dirigen a plantear preocupaciones que todavía no están del todo formuladas. Entonces, estas esferas públicas paralelas no están integradas en la esfera pública mayor y son, en cierta manera, tanto lugares de experiencia como de posibilidades que no tendrían cabida en otro sitio. En la misma medida en que el poema alberga posibilidades de palabra que no pueden ser expresadas en el televisor.